Hace un mes y medio os contaba que me habían dado en el trabajo un candado para el portátil pero que no me habían dado la combinación que lo abría, organizando de este modo una pequeña porra con un premio que no definí.

Pues bien, al final el número mágico es el 5573, número que dicho sea de pasó no puso nadie en los comentarios y no hay ganador.

Era difícil, otra vez será. Ahora me queda buscar a los de sistemas para que me digan como cambiar la contraseña, contraseña que no les diré cuando me vaya o me echen de la empresa, que lo busque el siguiente, ale :)

Ains, ains, ains... menos mal que se ha abierto, ¡ya pensé que iba a llegar al 9999 sin abrirse e iba a tener que dar otra vuelta!

Hace algún tiempo os explicaba a modo de metáfora lo que era hacer un renuncio en el tute.

Pues bien, hace tiempo dije que a mi no volvían a engañarme para que me apuntara a un gimnasio. El viernes me apunté, ayer fue mi primer día y hoy tengo agujetas.

Todo sea por salud.

Son las siete menos diez de la tarde..... y ya es de noche.

¿De verdad se gana tanto con el cambio de hora?

Yo esto no lo entiendo.

Dicen que el dolor de dientes es uno de los peores dolores que hay, lo dicen porque a mi nunca me han dolido de modo que no lo he vivido en primera persona. Y diréis "¿si nunca te han dolido los dientes por qué hablas de un dolor de muelas?" Pues bien, resulta que estoy escuchando una canción de Joaquín Sabina que se titula así, "Como un dolor de muelas" os la pongo por aquí:




¿Que por qué me gusta? No es solo por el ritmo y la melodía, las metáforas y la poesía, es que resulta que esta canción tiene historia porque no la escribió solo Sabina sino que fue una petición del Subcomantande Marcos hecha a través de un medio de comunicación, a la que por supuesto Sabina respondió.

A mi me parecen las tres cosas simplemente geniales: la carta del Sup, la respuesta de Sabina y la canción, ¿a vosotros no?

A veces pasa que vas andando tan tranquilo por la calle sintiendo cada paso uno tras otro cuando de repente algo rompe ese ritual y suena un chasquido que anuncia que cuando mires la suela de tu zapato vas a encontrar algo pegado en ella. Entonces te paras, te pones a la pata coja agarrando el tobillo con las manos y mientras haces equilibrios con cara de asco te encuentras ahí un chicle como disfrutando de haber sido pisoteado. Después de eso te acercas al bordillo para intentar despegarlo sin tocarlo con las manos (a saber en que boca habrá estado, o cuanto tiempo llevaba en la acera esperando a tu zapato, porque amigos, sabed que el chicle os estaba esperando) y si tienes suerte se quita a la primera, pero como sea reciente compañero... estás jodido. Y estás jodido porque por más que intentes quitarlo arrastrando el pie por la acera o incluso por la arena, por más que cojas un papel y consigas quitarlo, el recuerdo del chicle te acompañará una buena temporada y cada vez que levantes el pie mientras caminas sentirás como se queda pegado al suelo. Y es una sensación tan irritante (al menos para mi)....

Y digo yo, señores rumiantes... ¿es que no hay papeleras en la calle? ¿es que voy yo tirando basura por vuestras casas? Señores y señoras, ¡que no es tan complicado! Por favor, de ahora en adelante.... el chicle a la papelera. Hagamos un esfuerzo.

¿Habéis tenido alguna vez la sensación de saltar el mostrador y hacer comprender a alguien lo que le estás explicando?..., pues eso me ha pasado esta mañana.

Como se puede entender presentar una beca del ministero sin la matrícula del curso que vas a realizar, en la secretaría del centro correspondiente, bien..., hasta aquí llegamos todos. Me falta la matrícula, la hemos cagado.

A por la matrícula, pero resulta que la matrícula no se puede reliazar hasta la semana que viene y por internet, vamos bien, me informo y el plazo de entrega de becas por parte del ministerio cumple esta semana, ejemmm... como me lo como!!

Amablemente contacto con el ministerio y me dicen que ellos no pueden hacer nada, que hable con el centro correspondiente. Seguidamente, hablo con el centro y me dicen que sin la matrícula ellos no me cogen la beca...

Así que aquí sigo a expensas de la burocracia española, me cojan la beca o no.

Hoy en el curro me han descubierto un grupo de música que me ha gustado bastante. Se llaman El puchero del hortelano, y su música es de esas que escuchas y te pone de buenas. ¿Que? ¿Que queréis escuchar como suenan? Ahí tenéis :)


¿Os gustó? Más en su web.

Como ya os conté hace tiempo yo no soy una persona muy deportista. De hecho no soy nada deportista pero para mi cumpleaños mi hermano me regaló una raqueta de pádel y luego me engañó para que jugara con él un par de partidos de fútbol sala. Todo este exceso deportivo me provocó una fascitis plantar de la que aún hoy, después de varios meses no he logrado recuperarme, de modo que si alguien tiene algún milagro que lo cure estaría muy agradecido. Me han dicho que quitarme peso podría ayudarme de modo que he decidido empezar a entrenar. Mi hermano está en un equipo de fútbol sala y el martes pasado empezaron los entrenamientos. Van dos veces a la semana, martes y jueves, y su entrenado me ha dicho que no hay problema en que vaya con ellos.

Hoy domingo aún tengo agujetas y el pie sigue doliendo pero voy a ser fiel a los entrenamientos... ¡hasta me he comprado unas zapatillas de fútbol sala!
En nada estaré en forma y cuando queráis jugamos un partido :)

Al poco de comenzar a trabajar en esta oficina me encontré por casa un tarro de cristal de conservas que no hacía falta por casa y antes de que lo tiraran a reciclar al contenedor decidí reciclarlo yo: lo limpié bien, lo llené de caramelos y lo dejé en mi mesa en el trabajo y desde entonces ya se ha vaciado y llenado varias veces.

Lo inauguré con un montón de caramelos del vampiro y de frankestéin y una vez que se terminaron lo rellené con caramelos de cuba libre que trajo Stanz. Pues bien, de un tiempo a esta parte tengo caramelos de esos conel papel transparente y que son de colores, y cada color tiene un sabor: el morado a mora, el azul a piña, el naranja a naranja, el rojo a fresa y el amarillo a plátano. Para mi los más ricos son el morado y el rojo, que sabe a piruleta, y el peor de todos el amarillo.

Después de un estudio concienzudo a mis compañeros de trabajo y mi experiencia personal puedo afirmar que los caramelos de plátano no gustan a la gente y al tiempo de haber rellenado el tarro me encuentro con un tarro en el que solo quedan los de color amarillo, con lo que luego... ¡cuesta un montón rebuscar hasta sacar uno rojo!

Resulta que soy informático, creo que esto ya os lo he contado, y en la oficina trabajo con un portatil. Esta mañana me han dado un candado para el portatil, pero ¿a que no adivináis? me lo han dado cerrado y sin la combinación que lo abre de modo que me tocará recorrer uno a uno todas las combinaciones hasta que se abra.

Pues bien.... se me acaba de ocurrir que voy a organizar una porra para ver si alguien adivina el número secreto. La combinación es de 4 cifras (del 0000 hasta el 9999), ¡a ver quien gana!

¿El premio? Ya lo pensaré, pero es probable que "nada" sea un gran regalo jaja.


(ahh, no penséis que vais a poder quitarme el portatil con la combinación ganadora, que ya me ocuparé de pedirle otro candado a los de sistemas, y además... si no acertáis no daré la solución :P)

Posdata, metáfora y a la vez nota mental: ¿hay algo más inútil que un candado cerrado y sin la llave?

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